[[k.0_lab]] welcome to baru!
_alejood
alejo.duque at europeangraduateschool.net
Sat Oct 20 09:43:42 EDT 2007
Lo que no se dijo sobre Barú
La decisión en contra del puerto y a favor de los empresarios del
turismo sirvió para desviar la atención del público de los problemas
que hay detrás de la transformación de Barú en un enclave turístico
Por Alejandra Azuero
Fecha: 10/13/2007 -1328
Con una frase pronunciada en Santa Marta la semana pasada, el
presidente Álvaro Uribe dio por terminada la discusión en torno a la
construcción del puerto carbonífero en Barú. Los empresarios del
carbón se quedaron con los crespos hechos, pues el ejecutivo
privilegió el desarrollo turístico de la zona, y quedó como el Mesías
de las playas del Caribe al neutralizar la jugada sucia del Concejo
de Cartagena. Según el gobierno, ahora resulta que los buenos del
paseo son los inversionistas interesados en desarrollar un proyecto
turístico a gran escala en la isla de Barú.
Sin embargo, la decisión en contra del puerto y a favor de los
empresarios del turismo, ha servido también para desviar la atención
del público de los problemas que hay detrás de la transformación de
Barú en un enclave turístico. De manera magistral, el presidente
Uribe logró posicionar la idea según la cual el desarrollo turístico
a gran escala y la protección del medio ambiente son perfectamente
compatibles. Y, con ello, dio un gran espaldarazo a las acciones de
los inversionistas que promueven el proyecto. Mientras tanto, fuera
del debate quedaron las preguntas acerca del desalojo de cientos de
familias afrocolombianas que hoy viven en Barú, así como también la
preocupación acerca del impacto ambiental que puede generar el
turismo en una zona del país que es considerada de enorme valor
ecológico.
Por su parte, los inversionistas que promueven el megaproyecto
turístico Playa Blanca de Barú –entre ellos, Valores Bavaria, el
Sindicato Antioqueño y el Grupo Corona– deben estar de fiesta. Y es
que el susto no fue poco. Aun así, en la carta enviada por el
representante legal del grupo inversionista al Ministro de Comercio
tras la decisión del Concejo, se insistía en que no serían ellos,
sino los habitantes de Barú, los primeros afectados por la
construcción de un puerto carbonífero en la zona.
Lo que no se menciona en la carta al Ministro, es que los baruleros
también son los primeros afectados por la construcción de un complejo
turístico en la isla. Y esto es así, particularmente si se tiene en
cuenta que una de las condiciones para la materialización del
proyecto implica el desalojo de las comunidades negras que desde hace
varias generaciones viven en la zona. Además, probablemente el
presidente tampoco mencionó en su intervención de la semana pasada
que el Estado colombiano tiene particular interés en la realización
del proyecto. Concretamente, porque a través del Fondo Financiero de
Proyectos de Desarrollo (FONADE), el Estado es parte –junto con
algunos de los grupos económicos más poderosos del país– de la
sociedad anónima encargada de ejecutarlo.
De hecho, el documento CONPES de 2005 que desarrolla los lineamientos
del mismo, señala que entre los aportes del Estado se encuentra la
entrega de los terrenos en Barú que son propiedad de la Nación. Sin
embargo, para las comunidades negras de Barú, las tierras donde se
quiere construir el proyecto turístico son suyas, y por ello la
Corporación de Comunidades Negras de la Isla de Barú ha emprendido
numerosas acciones judiciales. Aun así, el documento CONPES concluye
que los actuales ocupantes de las tierras de Barú son invasores y
que, por lo tanto, el Estado tiene derecho a desalojarlos, con el
objeto de recuperar los terrenos afectos del proyecto.
Lamentablemente, los intentos por expulsar a los habitantes de las
zonas aledañas a Cartagena no son algo nuevo. De hecho, una situación
similar a la que se vive actualmente en Barú ya había sido denunciada
por los habitantes de la Boquilla. Y tan solo hace un año, un
centenar de baruleros se encadenó en la Plaza de la Aduana, para
reclamar ante las autoridades el derecho de posesión sobre las
tierras que heredaron de sus familias. Ya desde 1997, el informe del
relator especial sobre las formas contemporáneas de racismo,
denunciaba cómo los habitantes de las islas Barú, Tierra Bomba y El
Rosario, así como de la Boquilla, estaban siendo expulsados por las
autoridades locales, con miras a construir complejos turísticos.
Esto, según el relator, era el resultado de la presión ejercida a
nivel local por grandes empresas hoteleras.
Lo que tampoco dijo el presidente a los colombianos es que la
construcción y puesta en marcha de un complejo turístico para recibir
cientos de visitantes a la semana, puede ser tanto o más perjudicial
para el medio ambiente que un puerto de carbón. En efecto, la
Organización Mundial del Turismo reconoció que, si bien la industria
turística es la más grande del mundo, también es una de las que más
afectan el medio ambiente. La protección de los manglares, las playas
y los ecosistemas coralinos difícilmente puede llegar a ser
compatible con el turismo masivo y la infraestructura que éste requiere.
De hecho, ya existen ejemplos de degradación del medio ambiente a
causa de la infraestructura turística de la zona. La sociedad Las
Palmas, una de las empresas que impulsan el proyecto de Playa Blanca,
adelantó en la década de los noventa la construcción de un club
náutico en Barú. Esta misma sociedad que hoy esgrime argumentos de
tipo ambiental en contra del puerto y a favor del complejo hotelero,
fue sancionada en junio de este año por haber construido obras no
contempladas dentro del plan de manejo ambiental. Las obras
realizadas en un club privado, que no alberga más de un centenar de
personas, afectaron el parque natural Corales del Rosario y San
Bernardo, y le costó a Las Palmas más de cuarenta millones de pesos.
Lamentablemente cuando se trata del medio ambiente, el dinero no
puede revertir el daño causado.
Cuando el río suena, piedras lleva. Ya lo había anunciado la revista
Semana hace algún tiempo: "El presidente Álvaro Uribe se apersonó del
proyecto turístico más grande del país". Por lo tanto, que no nos
digan que no habrá carbón, porque habrá turismo y asunto arreglado.
Si el carbón no es buen negocio cuando es a costa de las playas
blancas del Caribe colombiano, tampoco es buen negocio el de las
playas blancas si es a costa del medio ambiente, o peor aún, cuando
el precio lo tienen que pagar las familias afrocolombianas que por
generaciones han vivido en estas tierras.
-------------- next part --------------
An HTML attachment was scrubbed...
URL: http://music.columbia.edu/pipermail/dorkbot-kolab/attachments/20071020/2ee46a6a/attachment.html
More information about the dorkbot-kolab
mailing list